Empresas innovando en España
Está claro que el lenguaje configura la realidad: nada parece tener carta de existencia sin que le hayamos dado un nombre y, de hecho, determinadas realidades existen porque se las nombra. Un ejemplo de esto sería… el amor. Nadie lo ha tocado, olido… Sin embargo, dándole un nombre lo hemos dotado de existencia.
Asimismo, cambiando las palabras, cambiamos la percepción de estas y, por lo tanto, de la realidad para quien oye tales palabras. En este caso podríamos referirnos al (mal) llamado “lenguaje políticamente correcto” o a la manipulación a la que determinadas personas someten a su entorno mediante el uso de unas u otras palabras.

Podríamos. Pero no vamos a hacerlo. Vamos a poner como ejemplo un par de palabras que son y no son sinónimos. Bueno, de hecho no lo son, y el problema es que se emplean como si lo fueran: gasto e inversión.
En tiempos como los que corren es muy fácil caer en la tentación de querer evitar soltar un céntimo más de lo imprescindible y considerar aquello de deberíamos llamar inversión –imprescindible- como un gasto superfluo o, cuando menos, aplazable.
Las nuevas tecnologías, una inversión rentable
Pensaba, para este caso en concreto, en el desembolso para nuevas tecnologías que un empresario tiene que llevar a cabo sí o sí. De hecho, cada vez son más las empresas que así lo entienden y prefieren rebajar los costes en otras partidas y, sabiendo que lo que empleen en este capítulo les será devuelto con creces.
Un caso claro de lo que estamos tratando lo supone una inversión tan básica como la del sistema de alarma (de acuerdo: en un mundo ideal no sería preciso invertir en ella, pero resulta que, hasta que alcancemos la utopía, necesitaremos vigilar o que nos vigilen las cosas de valor).
Invertir en conservar lo que tenemos
Podríamos decidir ahorraros unos euros en seguridad y no instalarla o poner una de esas que lo único que hacen es despertar al vecindario y confiar en que alguien llame a la policía para que “hagan callar ese condenado ruido”. Podríamos…

… Y también podríamos dejar las puertas de la empresa de par en par y marcar un camino rosa fosforito hasta la caja fuerte, con la combinación escrita en la puerta en letras doradas. Por poder, podemos. Pero se supone que lo que tenemos es nuestro, nos ha costado adquirirlo y nos gustaría conservarlo.
Una inversión moderada
Es por eso que, y sobre todo ante unos delincuentes que cada vez están mejor preparados, es imprescindible invertir en una alarma basada en las nuevas tecnologías, cuyo precio, curiosamente, no va más allá de esas otras alarmas que basan su potencial defensivo en el escándalo y en que el ladrón se dé por aludido.
Echando un vistazo a la Red, hemos tomado alguna que otra idea de Securitas España, en cuya página nos orientan muy eficaz y claramente sobre qué conlleva poner una alarma, qué sistemas nos convienen más y, claro está, sobre las novedades más interesantes que nos pueden afectar en el ámbito de las alarmas.
Las nuevas tecnologías abaratan costes
De esta forma, nos enteramos, por ejemplo, de que gracias a las nuevas tecnologías es muy baratito mantener un área videovigilada las veinticuatro horas: lo que hace un tiempo habría supuesto una red de cables y una infraestructura inviable desde el punto de vista logístico y económico, hoy por hoy, gracias a las IPs y a la tecnología GPRS, supone un coste adicional ridículo que una o varias cámaras nos envíen imágenes de una zona equis al móvil.
Invertir para ahorrar
Otra de las apuestas que a día de hoy están realizando las empresas, relacionada también con la inversión en nuevas tecnologías –y, en ciertos aspectos, que tampoco viene al caso explicar, con la seguridad- es la que se refiere a la eficiencia energética.
En este caso, sí se puede apreciar a medio e incluso a corto plazo la rentabilidad de la inversión. Apenas veamos la factura de consumo energético no nos quedará duda, sobre todo si la comparamos con otras anteriores. A poco que hagamos números, vamos a ver que en unos meses el ahorro en esta partida de gastos alcanza una cifra más grande que la de la inversión.

En palabras de los usuarios
Pero, en este segundo ejemplo de la diferencia entre gasto e inversión, vamos a dejar que sean otros quienes tomen la palabra, usuarios de una empresa dedicada a esto mismo, a la eficiencia energética como es Remica:
“Solamente cuatro palabras para darles las gracias por su inmediata asistencia y solución al problema que estaba padeciendo. Como felicitación particular les ruego hagan llegar ésta al gran profesional que me ha atendido. GRACIAS” (J.S. Propietario. Azuqueca de Henares).
J.S. ha confirmado, sin duda, a qué nos referimos con la diferencia entre gasto e inversión. Y, en cuanto la hayamos comprendido todos, la vida será infinitamente más cómoda, segura y asequible.

Cada tanto, no viene mal darle una lavada de cara al negocio y realizar ciertas mejoras. Con el tiempo, el
El mobiliario para comercios se destaca por su funcionalidad, aunque también por la estética. Un mueble de líneas sobrias, que sea de calidad y con un diseño moderno y original, puede convertir a una tienda en un lugar por demás acogedor y confortable para los clientes.
